Bruck no había despertado aún cuando hubo de llamar Horacio. Las almidonadas sábanas que resbalaban por el cuerpo y la piel tan blanca. No se había ya imaginado tan siquiera que el día había arrancado y con unos haces de luz la obscuridad del dormitorio contiguo donde se hallaba. Alzó el brazo tan canso, tan imponentemente canso, que no halló de primera mano el auricular. Buscó a tientas por el piso tan siquiera mover nada más que su antebrazo y la mano y los dedos que buscan por todo aquel arsenal de objetos dispersos, tan temiblemente desecho toda aquella selección del espacio que parecería una composición fotográfica de algún artista donde el caos y el orden no establecido tuviera prioridad inamovible. Hallar una funda vacía de nachos junto a un Iphone de temporada veías, unas 6tas aniquiladas y detrás preservativos con fundas de matel y los dados. Cartas españolas sobreponiéndose a una notebook y la coca, los discos, los LP´s, todas las vestimentas regadas y todos los chitos en el tacho. Buscaba por debajo de la cama sin suerte alguna mientras con un almoadon ocultaba las asiduas sombras de su rostro por la anterior velada de risas que se impregnaban en los recuerdos, que se dirigían a ella como burbujas incorporeas explotando en repeticiones constantes al volver una y otra vez como toda aquella ceniza por toda la alfombra, un asco en verdad. Los televisores, los equipos de audio, los libros y los lentes de contacto en donde demonios se instalarían en toda ésta maldita pereza de las 10am. Pensaba que a la tarde saldría, que Horacio la vendría a buscar. Han quedado se acuerda, ella amodorrada y las siluetas de la fiesta. Ella sosteniendo el vaso de brandy y el girando tal cual el dolor de Camile y los ojos recordaba tan miel, tan profundos, Horacio. No quería levantar, sus ojos y el rimel desparramado por todo el rostro, tan lejano, tan ajeno y ya la veías otra vez ocultar su rostro y taparse con los almoadones que los compró en oferta.
jueves, 2 de abril de 2009
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