Donde puse todos esos envases que quedaron regados por allí . Ya Vane me dijo siempre que las dudas cuando las hay se amontonan como latas, muchas al ser tristes y pocas cuando felices lo que llevan. Y todas sin ninguna duda se bambolean por el medio de las alacenas que en la mía tan solo se las observa, en las otras nunca aparecen. Ya Vane otravéz en el cuarto tratando de apresarlas, que se le hubieran reventado en seguida aquellas manos tan suaves por ser muy rugosas sus presas y al friccionar con aquellas delicadas y arteciopeladas manos se estampan en cicatrices amortajadas. Ya las llagas y al asecho. Hay! si mi Vane, aquella Vane de Viernes de cornos y de vueltan en derredor, en medio del dormitorio aquél. Que no los toque (le dije), pero ella que tan siempre en hacer su regalada gana se va. No quiero que aquellos toscos y violentos se interpongan entre su tersura y mi violencia. Pero ya la veo y de un lado a otro por que aquellos envases que raro ahora, ya aparecen y persiguiéndolos la veo desde un principio (a la caza), y las alacenas ya talvéz se hayan diluido por el presentimiento acorralado y las latas en motel infecto . Ya talvéz sus manos arteciopeladas no sean, más cuando ya ahora mi barba y las arrugas se han posado en el animal que gime. Vane ya no las persigue con tanta animosidad y frecuencia que antes. Ya hasta se han visto amontonados y tan descuidados aquellos envases que un tiempo fueron frescos, atesorables, esperando siempre algún nuevo que depredar. Pero yo tampoco le exijo nada ya a Vane que tan solo los vemos por montón en el largo recorrido, sus vueltas interminables por los corredores que un día me vieron apresar a Vane, la Vane de apagones nocturnos dentro de escalinatas mohosas, de mordaces sonidos, cruel amor.
domingo, 16 de noviembre de 2008
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