domingo, 3 de mayo de 2009

EL FIN EN DEXTER

El no quería venir, pues es tan hondo que vertía los carruajes de Apolo que recorrían aquella soledad que la enfermedad encausaba en la primera de la larga travesía. El primer día que entendió que el era diferente, que no era el resto, que había de ser sosegado con un paulatino y lento ocaso. Medio día que pegaba en la graba, luz tenue que se regaba desde el jardín exterior hacia donde Dexter un día la conquistó. Regábase entre tulipanes y las rejas blancas de La Unidad Nacional se extendían mientras ella reía con un mimetismo que el recuerdo aprestaba, una substancia tan ardua que llegaba hasta él con un agujero de incertidumbre, de sueños extintos que se interponían hacia el tan solo agradecimiento del hoy, con miedo del mañana, con terror.

EL SHOW

Yo no he asistido sino tan solo a mustias soledades de lunas menguantes. De fríos ventarrones frente a baños infectos. A palíndromos roídos por los genes yertos de europeos ciclopeos. De patios abotargados y bebida insaciable. La luminaria cuan carcomida que el blanco se refractaba tan solo en destellos. Los flashes continuados, hembras somnolientas. Luego las risas, los aplausos. Aplausos crujir en mi alimento. Cucarachas observan, sus risas devoran.

sábado, 25 de abril de 2009

LA SRA CLOD

La Sra. Clod. no era uno de aquellos seres que se los olvida con facilidad. Aquel escozor que impacta, que se recrea en nuestro destartalado significado atrae a un placer sutil en principio y el hastío del todo en derredor. Luego un poco tardío aquel mórbido sentimiento surge y una respuesta irreductible es aquel aleteo de sus bronces que oculta. Y allí está, o parcialmente está, sin una respuesta totalmente clara. Borrosa imagen, como el vapor en un cuarto de baño destrozando a aquel rostro que se digna en sonreír mientras se diluye, y cuanto más rápido ocurre aquella disolución más grande se hace aquella intriga, el estado de aquella importancia que damos por llamar curiosidad, ¿donde ocurrió?, preguntamos, y aquella sensación confortable de la memoria enraizada en unos corvos nos retoma, como tornos hacia tierra se han dirigido, como si la gravedad los hubiera llamado y ellos dispuestos se han tornado gustosos hacia el centro. No tuviera importancia alguna si estos corvos guiados como a los de un balestrillo o a los de un dosel niquelado estuvieren, pero ellos, y eso es lo que producía aquella cruel superficial apetencia, de veros a aquellos constitutivos de un senecto cruel, de la Sra Clod. Ella de un rostro alargado, de mentón empinado y una blanca tes eslava vemos, y de igual forma como unos pómulos ensancharse levemente en sus bordes. Una nariz alargada continúa donde los años la han manchando lentamente. Pues no solo era el lunar ubicado en el bordillo de la fosa nasal izquierda, sino que una protuberancia sobresalía hacia la parte superior, una antena inhóspita en un inhóspito costado, a nivel del ojo derecho se posaba reluciente mientras su pálido tez ocultaba sus enormes ojos negros tan profundos y a los gatos pardos en su camuflar. Que todo su peso y el de su joroba caían tremendos en sus delicadas piernas deterioradas por tantos años supongo. Doblábase a la izquierda primero a la derecha luego con lento ritmo, con satírica certeza que su fin no tarda. Y Clod., con sus cortos cabellos blancos, con sus ropajes senectos, con toda aquella pavorosa seguridad del homínido que no está en perfecto erguido y con sus tembladerales miembros se deslizaba por el supuesto espacio. Las sensaciones que emana desde su balaustro, desde sus rejas, de sus límites que los míos no daban cabida ya para aceptar y es por eso supongo que hay una puerta y cadenas. Primero suspicaz no advertía su presencia y es más que en el día no recordaba que esta persona de cierta manera tan real que pertenecía al mundo de los conjuntos estuviera presente. Cuando recordaba, el desprecio recordaba sumado todo por lo antes expuesto a esta criatura del todo esquiva. Tan es cierto que sus brazos colgaban tan graciosamente como los del chico que acompañaba a la princesa de los mil años o aún más que le colgaban a T. S Garp cuando en su fin procreaba. Pero acá ese aquel mismo gracioso impulso constituía tan solo un elemento más de todo aquel sistema de imposibilidad, crueldad y engaño. Aquella postura inferior, de ira ante todo al más mínimo cambio allí se confundía entre los matices de la noche Avellaneda. De las sombras, de los sonidos tibios y tratabillados, sus idas, sus venidas del baño. De sus salidas esporádicas, más aún de sus permanencias con sus sonidos y sus sombras, y las sombras de sus arácnidos compañeros y sus telares irreductibles. Ella creada y los milenios, preparada quizás tan solo para aquello. Ahora que yo la observo con suma impaciencia ante todo, que mi ansiedad al servicio de la noche se ha posado como aquel velo que lo cubre todo de incertidumbre, que guarda como en un secreto diario y dicotómico el ritmo, aquel diario golpeteo de los tumbs, tumbs, tumbs, aquella base rítmica de campos shamanes y la vida, del corazón que bulle, que resuena , que galopa hacia lo más profundo del ocaso, y ella tal cual aullaba, aullaba, aullaba.............

jueves, 2 de abril de 2009

RETRATO

RUIDO

La duela, los libros, las alacenas, el sonido lejano detrás de bosques y asequias, del tardío gran viaje el llegado empero apacible el esperado descanso. Los pequeños críos en la noche entrada ya reían, aquellos presurosos pasos, habitual movimiento de las criaturas caninas adosaban angustia ya a los pequeñines. La madre los ayuda con rápido paso y con habitual movimiento a introducirse entre las colchas y almoadas, beso tácito, temida espera. Ya la puerta se abría y los críos escuchan ya la graba y el madero, ya el portafiolio y el gemido. La comida esperaba impaciente para suerte de los pequeñines. Entre las colchas compunjía el miedo, el pijama, entre el peluche, el hermano. La respiración poco a poco ya tan solo surrullos. Precavidos de cada uno de los sonidos que podían apreciar desde su cuarto; el agua correr del lavabo, los pasos de los mocasines sobre el madero, las voces inermes del estereo, seguida alcoba, chocolate espumoso, ladrillos vistos, joven candor materno. -Sobre el eternit una bandada de gatos merodean-. Ya afuera el patio, la cocina, el comedor y el bebedero. Los críos respiran poco a poco y los esposos hablan del día entre las promesas y los plazos. La corniza del durazno se mecía junto con girasoles, los claveles, tulipanes, las hortensias y en lo profundo de aquel lunar un naufragio.

MÉNADE

Una chaqueta roja es lo que había observado entre toda la selección de temporada. Le gustó aquel matiz que el negro daba a toda aquella pieza, aquellos fileteados que se trasladaban por medio de aquella V entrecruzada, el bordó de los botones, de los bolsillos cuadrados que ahora que lo sostiene después de una larga lucha moviendo todo lo demás en selección se da cuenta que no es una chamarra común para esos días de Martes de agobio y decepción en los que pensaba . Que ésta será acaso una de las elegidas para los sábados nocturnos o para algún opalino Viernes de cornos, de cuerdas en derredor. Y luego piensa que no, no puede ser posible reflexiona aquel rojo en aquellas noches de teatro, de sinfónicos silencios, de aplausos vibrando todo aquel arsenal que son las obras de aquella música culta como la llaman, allí hay que ir sobrio sin pomposidades de mal gusto lo que se dice. Mejor aquel rojo buena presencia dará en las vueltas interminables que son las noches de cócteles, risas que bullen, sonidos vítreos de las consolas que se impregnan en cada intervalo de la letárgica noche y los acordes de alguna banda de turno se escuche, con olor a sándalo, con olor a sexo se escuche, que no importará ya aquel tono voraz o todo aquel maquillaje aniquilador, que le dará a cambio nueva fuerza cuando ya todo haya finalizado y la Ménade tenga que regresar, regresar por todo aquel film enmohecido que es el fin de toda velada, por aquel gris, por todo aquel frío de las 4am y a casa. Sin mucha importancia como lo toma, como toma todo lo nuevo que entra en su vida, con tedio, con mirada fría de consumidora experta es como toma a toda aquella pieza de colección. Se percata y descubre el abrigo que realmente es, aquellos nuevos objetos que la moda trae para algún grupo específico y debería ser muy específico aquel grupo si nos damos cuenta y ella que ya lo toma y revisa el precio con Sora. Que viene incluido el impuesto de importación se logra escuchar por toda la tienda que se riega como si se trasladara a otro sitio, como si en ese preciso instante nada ya tuviera más importancia que el valor metafísico de aquel diseñador Paulista.

...

Un Cronos desvaído al filo de nuestra cama secreta. Mira, el fin, si, es el Fin, mira. Que alivio.