Hoy es un día muy caluroso, húmedo que me recuerdan a los calores de Guayaquil. Las cosas no van mal, sin un peso, pero toda va en un curso que yo no esperaba (típico). Me siento muy bien -Un poco harto, un poco fastidio de mi- seguro de lo que debo hacer y me integro entre ellos sin temor alguno,-ellos-, ahora que ya han sido 5 años por esta ciudad me dan una bienvenida -otra, diferente a la de antaño- apática, fría, -atlántica-, la que ellos consideran justa. Me dejan ser y yo parte de la ciudad. La ciudad siente que me conoce, y yo siento que la conozco también. Los dos mentimos, !si!, pero los dos nos dejamos ser.
Buena vida chicos.
viernes, 15 de enero de 2010
miércoles, 6 de enero de 2010
OK
Las cosas, mis cosas están con un contraluz almivarado, con un tono cetrino disolviéndolo todo en el tiñer de los viejos mecánicos a lado de la casa del Chelo-sin bronca-. Mejor no hablar muy alto, ni con tanto orden. Mejor despojarme de todo, mas de mi piel que es -parece- lo que me detiene, lo menos indispensable de todo -lo que me retiene acaso-. Quiero ser, pero todo es tan cruento, como yo, un monigote con miles de posibilidades y el cerebro de un insecto. -Entiendes nena-. Y la alemana que me enferma. - Porque es todo tan así-. Porque soy tan yo. -No lo entiendo-.
martes, 29 de diciembre de 2009
miércoles, 23 de diciembre de 2009
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Tálata se arreglaba el cabello negro, liso de azabache.Sus ojos, órbitas expuestas a planetas naúfragos que en ella orbitaban se veían inquietos y deseos de un trago más; ardiente, dulce y sincero. El pub estaba lleno de hombres en apariencia alegres, pero tan solo máscaras que rondaban sincesar como una colmena de avejorros lisos por conquistar a la abeja cruel. Los murmullos, la orquesta inexacta, la polca, la cumbia villera y el chamamé.
martes, 15 de diciembre de 2009
SOLILOQUIO
Hoy a entrado un insecto por la ventana de mi cuarto de hotel. Parecía en la obscuridad un tandacuchi pero recordé que estoy aquí en Hotel Varela y no he visto tandacuchis por aquí.
Cuando prendí la única luz del cuarto maté a un zancudo y luego a un costado de la cama ví a este dichoso insecto. Creí por segunda vez que podría ser una mariposilla gris como recuerdo de las muchas que había en mi casa del Recreo. Pero al acercarme y analizarlo me he asustado mucho y es por eso que ahora escribo porque posiblemente no lo pueda hacer ya más (escribo con un pedazo minúsculo de grafito que lo he arrancado de un lápiz maltrecho en unas hojas, copias de documentos antigüos). Los tandacuchis son enormes, alas por lo demás espesas y según las tradición son un signo de los muertos, señal que hay o habrá un paso de algún ser al más allá.
Estoy nervioso, muy nervioso pues el insecto éste es muy particular: cuerpo corto, alas grandes pero su dimensión no pasa de unos 4 a 5cm de longitud. Sus ojos (supuestos claro está) al darlo vuelta de un violeta muy obscuro, brillante como un mineral y profundos como la muerte misma. Lo tomé luego, decidí en primera instancia dejarlo en la botella vacía de agua con gas para tomarlo de trofeo como antigüos hombres primitivos y poder tener (creía yo) un salvo conducto. Pero luego al ver la desesperación voraz del insecto viéndose atrapado cambié de parecer (tal vez por mi sorpresa y el temor que creció como una flama inmensa) y lo solté en la terraza. Puse a la botella boca abajo y el insecto cayó hasta el primer piso, supongo, porque nunca lo vi levantar vuelo por lo espesa de la madrugada. Y así ya fichado en el libro de la muerte, volar en libertad lo dejé para que venga en el momento en el que todo ya está escrito y me dé Moira el último simbrón mortal, el más tenaz.
Luis Vela III
Octubre 09, Buenos Aires
Psd: He querido cambiar pero no lo logro . Mi decadencia no la puedo superar. Estoy en naufragio.
"Copiado de las hojas originales el Domingo 25 de Octubre del 2009 en Buenos Aires, Capital Federal"
lunes, 14 de diciembre de 2009
MI FÁBULA DE YO COMO AUTOR
Soy un mono con traje espacial deslizándome en alas delta por el espacio sideral. Mientras recorro la inmensa obscuridad que es el espacio sideral enciendo cerillas con un mecanismo en donde el oxígeno sea parte de la combustión y enciendo parte del ala izquierda. La obscuridad es extrema y el frío es nuclear mas tan solo el fuego que la va consumiendo poco a poco en una danza bellísima y nefasta se aprecia como un diminuto resplandor. Enciendo otra cerilla, prendo la parte del ala delta que todavía no está consumida y el reflejo se hace cada vez más intenso.
Así recorro aprenciando la hermosura extrema de la naturaleza sideral esperando algún día llegar a casa.
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