domingo, 16 de noviembre de 2008

VANE

Donde puse todos esos envases que quedaron regados por allí . Ya Vane me dijo siempre que las dudas cuando las hay se amontonan como latas, muchas al ser tristes y pocas cuando felices lo que llevan. Y todas sin ninguna duda se bambolean por el medio de las alacenas que en la mía tan solo se las observa, en las otras nunca aparecen. Ya Vane otravéz en el cuarto tratando de apresarlas, que se le hubieran reventado en seguida aquellas manos tan suaves por ser muy rugosas sus presas y al friccionar con aquellas delicadas y arteciopeladas manos se estampan en cicatrices amortajadas. Ya las llagas y al asecho. Hay! si mi Vane, aquella Vane de Viernes de cornos y de vueltan en derredor, en medio del dormitorio aquél. Que no los toque (le dije), pero ella que tan siempre en hacer su regalada gana se va. No quiero que aquellos toscos y violentos se interpongan entre su tersura y mi violencia. Pero ya la veo y de un lado a otro por que aquellos envases que raro ahora, ya aparecen y persiguiéndolos la veo desde un principio (a la caza), y las alacenas ya talvéz se hayan diluido por el presentimiento acorralado y las latas en motel infecto . Ya talvéz sus manos arteciopeladas no sean, más cuando ya ahora mi barba y las arrugas se han posado en el animal que gime. Vane ya no las persigue con tanta animosidad y frecuencia que antes. Ya hasta se han visto amontonados y tan descuidados aquellos envases que un tiempo fueron frescos, atesorables, esperando siempre algún nuevo que depredar. Pero yo tampoco le exijo nada ya a Vane que tan solo los vemos por montón en el largo recorrido, sus vueltas interminables por los corredores que un día me vieron apresar a Vane, la Vane de apagones nocturnos dentro de escalinatas mohosas, de mordaces sonidos, cruel amor.

lunes, 27 de octubre de 2008

Yo

Yo soy el ebrio, el vagabundo, el mendigo. Soy el artista, yo soy él monstruo.

miércoles, 8 de octubre de 2008

LA CITY

Hay veces que la ciudad tiembla sin ninguna antelación, sin previo aviso. Tan solo un crepitar al principio calmo luego varias crepitaciones incesantes; ya un jarrón caer por el medio de la mesa de centro y su estruendo en las habitaciones vecinas no hace sino halar un poco más aquellos hilos de quietud y penumbra con los que se habría visto enjambrada y nada más que un impulso y todo echo trizas. Las risas deletéreas en cada uno de los rincones que se escabullen no hacen sino tan solo pensar en sustancias obscenas que se regodean con cada impulso de oquedad que ellas llevan. Quizás encontrar algo, a alguien por alguna inflexión sistemática que recae en hipo y otro chocar de copas en los costados de la ladera. Con Merló, con Cirá llenos todos. No nos hace sino tan solo recordar el pasar de los carros una y otra vez, una y otra vez en penumbra.

martes, 16 de septiembre de 2008

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Aquí jugando con pelotas de goma. Aquí jugando con pelotas de waipe, con pelotas nada. Aquí jugando con pelotas de tí.

martes, 2 de septiembre de 2008

PtB

Luisa estaba en la sala; todo giraba en mi cabeza y las preguntas las que nunca se acabarían una y otra vez en mi cabeza; la sonrisa de Paula y los latidos de Maurice en mi cabeza una y otra vez. Pero que pasaba en esta pequeña habitación donde años atrás me había encerrado. Las paredes infectas, las sábanas en donde había revolcado con Paula allí una y otra ves y nada más que un breve gemido de mis pupilas que se escarban en toda aquella maraña de vueltas interminables que en mi cabeza se derriten como mondas lucecillas fugaces estrellarse en el moho de mis pensamientos ya hacía mucho envueltos en capas aún mucho más cruentas de las que entonces acaecían. El vacío que se filtraba como gas mostaza entre los muebles viejos, las manecillas de los relojes diluirse entre los fragmentos extenuados, las fisuras que se bambolean mientras el agua se precipita hacia todas las vestimentas. Toda la selección, el vacío y nada más que Holliday en aquel ajetreo de la obscuridad que es éste maldito volver. Despertar y allí como un grillete en los cojones la conciencia verreta y el yo aún más. Él, aquel yo aterido, ultrajado en medio de ésta nada de verga, obtuso en posición fetal sentía al vacío maniqueado un yo mucho más brutal y tormentoso. Ya Maurice una y otra vez en este coco, que ya lo puedo confundir con el cuco y el cuco tan solo otra inflexión más de este vacío que se extiende entre todas esas maniatadas, de esos embolsos de tintura y fantasía otra vez en el dormitorio que me encierra, que me retiene. No sé, tendré que ir a ver que quiere ésta maldita, marrana infecta que no sabe el paradero, que no sabrá el recorrido para todo éste laberinto y en el cuarto metido al final. En éste paralelepípedo mugroso la voz, ésta voz que me aliena, que me devasta. –Y ésta perra que no viene-

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Un Cronos desvaído al filo de nuestra cama secreta. Mira, el fin, si, es el Fin, mira. Que alivio.