Según recuerdo, las estimas más que las fuerzas del orden se entienden por rencillas inusuales que advierten mareas inadecuadas que pueden huir sin necesidad de posteridad o desenlace. Luego me hundo como se puede hundir uno en la arcilla o en el moho, de a bocanadas, de a sorbos indebidos que deben ser facturados con de-limitaciones algo burdas y un tanto imperfectas. Y es en tu rostro que veo algo, algo que no es ni una mar ni un neologismo Silenio. Es algo que no lo puedo transferir, algo como un oropel de meandros, de tanganicas aún en aullidos infructuosos. Pero deben gritar en demasía si hasta hoy escucho esa mar indebida, casi cautelosa en tus párpados, en toda tu hermosa tiniebla.
lunes, 5 de noviembre de 2012
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