Me encontré tan desprovisto de ideas, y dije una, una de las tantas, miles que no dijeron nada. Aferré los ojos hacia el derredor, criaturas tomadas por alguna mágica pócima. Sus curvaturas, corvos todos aniquilados hacia una pantalla, y luego recordé que le pregunte su número, y que quería ir hacia el aparador y decirle que me diera un esfero, un chocolate también, pero me quedé observando tan horrendo espectáculo, el inicio de éste otro ciclo, de éste otro milenio. Los dedos y sus pies que moviánse erráticos, ansiosos pies no de uno ni de dos, sino de un tumulto de cuerpos, tomados, aprisionados por los beats, por los loops, y yo. Mientras la ilusión crecía, iba descartando la idea inoportuna, eligiendo inconciente lo correcto, pero me dio su número y su pensamiento de que nunca se va a casar, y recordé que es por eso que estaba parado admirando a aquella niña, jugosa quinceañera y luego el esfero
lunes, 23 de junio de 2008
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