lunes, 16 de enero de 2012

GRACIA


Gracia pensaba en el amor, un arma que destruiría con todo su dolor, con todo sufrimiento; dándole pues su prisión adecuada para cada una de sus preocupaciones, manías y fatigas que la vida le asestaba.  Zarpazos de un enorme felino -todo lo que no era-  lo que de su corazón lo único que creía verdadero por todo su aposteriori, por todo su extenso cuerpo de primavera en celo. 
Veía en Lunes a máscaras mesiánicas, en Martes abovedados gritos védicos sin mayor orquestación que la de sus propios gemidos, en Miércoles el doble naufragio de Dario en tierras sagradas, en jueves Yaguarcocha un rio de sangre, en Viernes Plato's Retreat en su mente una y otra vez. Los fines de semana eran de descanso como ella mismo lo diría tiempo más tarde.
 La vida, un gran basurero que seleccionar, buscar ese hueco y armar con todo aquel ramaje de necesidades y hastíos su bastión, su jade en medio de sus dos pechos de perra.  Pero la verdad que el miedo es un poder hermoso y ella lo sabía con toda su alma, pues sin su amor quedaría en su vacío y como le teme al vacío a esa nada pretensiosa, siempre cruel, a esa soledad en ciernes que nunca firmaría en la eternidad pues se hacía a un lado y proclamaba su amor.  Yo siempre la he visto vestir de tules y la he querido sembrar pues Gracia sin su gracia no sería Gracia y sin ser ella el vacío y  su miedo al bello espacio sin fin quedarían al descubierto, quedaría desnuda, totalmente desnuda y, ninguna hembra se desnuda por completo.



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