miércoles, 18 de enero de 2012

DESEO


He pensado en dejar este bar,  tosco, arruinado, con gerentes alcohólicos que hay que pagarles además del licor de turno su chuma y  bancarlos con todas sus huevadas petulantes e insufribles. Pero aún rodeado de toda esta  bruma en este hueco indecible me he puesto a pensar en el Deseo. Fuerza por lo demás exótica y combustible para toda nuestra animalidad en ciernes. Pero más allá de la esperanza de satisfacción para nuestra libido sabemos lo efímero que resulta saciar nuestra sed; sed de camarones alajillo, de veranos en las costas mediterráneas, de playas de sexo explícito en los veranos bálticos, un polvo de turno con cualesquiera que me hable de Bergson.  Y allí vez un efímero instante capturado por las lentes de mis pupilas y aquellas pupilas consumadas por 12,5 megapixeles de mi D90 en posición de celo, en medio de la bruma de aquél bar de mierda, con sillas dispuestas para salones de putas de baja calaña, con tétricos personajes que hablan de rejas, solventes y grincore, con aquella mujer que no sabe quién es Bergson, con aquella otra mujer que no sabe lo que es el buen sexo.
Todo en silencio, la Medalla Milagrosa muy hermosa en claro obscuro, luego claro un poco de sexo sin conexión, con un poco de pudor por la hembra de turno, con luces  amarillas en medio de sábanas desechas, algunos buenos flashes durante el  desarrollo. Todo aquél hermoso juego de tiranos nos es pues el Deseo. Nada de eso es el puto deseo. El Deseo se quedó corrompido por Caravaggios digitales debajo de Groz enmudecidos, por Grecos a medio pintar en juegos de tornos, el Deseo se quedó inerte cuando salí en la noche y vos ya no estás. El Deseo se quedó en vos, en tus curvas indias, en tus suaves sábanas blancas, en tu hedor gozoso de fines de Mayo.
-El Deseo eres vos, y vos más oculta, más oculta, oculta.-

lunes, 16 de enero de 2012

GRACIA


Gracia pensaba en el amor, un arma que destruiría con todo su dolor, con todo sufrimiento; dándole pues su prisión adecuada para cada una de sus preocupaciones, manías y fatigas que la vida le asestaba.  Zarpazos de un enorme felino -todo lo que no era-  lo que de su corazón lo único que creía verdadero por todo su aposteriori, por todo su extenso cuerpo de primavera en celo. 
Veía en Lunes a máscaras mesiánicas, en Martes abovedados gritos védicos sin mayor orquestación que la de sus propios gemidos, en Miércoles el doble naufragio de Dario en tierras sagradas, en jueves Yaguarcocha un rio de sangre, en Viernes Plato's Retreat en su mente una y otra vez. Los fines de semana eran de descanso como ella mismo lo diría tiempo más tarde.
 La vida, un gran basurero que seleccionar, buscar ese hueco y armar con todo aquel ramaje de necesidades y hastíos su bastión, su jade en medio de sus dos pechos de perra.  Pero la verdad que el miedo es un poder hermoso y ella lo sabía con toda su alma, pues sin su amor quedaría en su vacío y como le teme al vacío a esa nada pretensiosa, siempre cruel, a esa soledad en ciernes que nunca firmaría en la eternidad pues se hacía a un lado y proclamaba su amor.  Yo siempre la he visto vestir de tules y la he querido sembrar pues Gracia sin su gracia no sería Gracia y sin ser ella el vacío y  su miedo al bello espacio sin fin quedarían al descubierto, quedaría desnuda, totalmente desnuda y, ninguna hembra se desnuda por completo.