jueves, 7 de octubre de 2010

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Yo estaba tratando de llamar al 911, la Lorena en la cama sin movimiento alguno y tan angustiado, imaginándome fuertes roces con los dueños de la verdad, los polis pensaba con todo esto me incriminarían en un homicidio premeditado. Me contestaría alguna damita de la estación o algún bigotudo a la Cantiflas. Me daban vueltas en el mate estas ideitas hijasdeputa. Cuando ya todo y un sonido medio áspero que por el fono me estaba transmitiendo esa desazón típica de esos azules en detrimento. -Buenas noches comisaría Segunda en que le podemos ayudar -se escuchaba-. -La Lorena está muerta señorita -Cálmese Señor - Como le ve Ud. -Traigan una ambulancia rápido que parece que está muerta -Su dirección y nombres completos por favor, número telefónico… -En este momento sale una ambulancia para Rivadavia y Boedo al 21 segundo B. -Tranqui Bruno ya va, calma. Los minutos no pasaban o pasaban como una ráfaga inmensa con ayuda de millones de protones bombardeados para descubrir la partícula de Dios como le dicen. Más tal vez como aquella mañana fría y tumultuosa de Mayo. En donde Perla ya no era, en el transcurso de esos rayos que nos partían como nueces en celo. La vi perfecta, con la perfecta tranquilidad de observar que ya no era; que ya no persiste en el instante en que nos vemos en el maldito espejo de Van Aken, con aquellas rodillas que me rozaban con su hábito asesino de perforarlas en mi espalda, con su lontananza, la santa paciencia de querer huir otra vez a la deriva; sin tiempo, sin dueño, ese que no existe se decía. Y allí estaba separada de todo, perfecta, como yo siempre supe que era.