lunes, 6 de septiembre de 2010

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No se porque mejor me va cuando soy un perro. Un puto perro de mierda.
Y yo, solo, -siempre-, sin gasolina, con unos cuantos conocidos alrededor de ese susuki que no me había subido desde hace tantos años allá cuando con las Cris. nos escapábamos por sus escalones en medio de la obscuridad de los cortes de luz de antaño. Yo no condusco, no sé conducir, no quiero conducir.
La iglesia, y yo y mi porro, una alegria desaforada lo que me envolvía, había perdido a alguien sí, que salíó mal, no sé. Y ya como siempre una pinche alemana por ahi, y una Gisell, que puede ser Mabel o Michell, que importa, que diablos importa, si cuando me imnporta nada hay, y cuando me importa un bledo llega la luz. -Pero quiero tu luz-.
Y así sin remordimientos, la catarsis ya aprendida en la niñez no me podrá bajonear ya más.
Quería jugar contigo, salir a jugar a la calle con las piedras, salir a jugar en tu corazón de tinieblas.
Y ahora bailo en medio del fuego con alguién que no eres vos, que no puedes ser tú.
No importa, que más puede ya  importar.


Ya empieza a llover. como me gusta escribir bajo la lluvia.