miércoles, 30 de junio de 2010

MARIÓN

Pero si recuerdo aquella vez que se me acercó de a poco y me dijo al oído por las calles de la subestación eléctrica. La Ciudad es una gran trampa; todos esos rostros, todas esas vitrinas en celo. El gran  tráfico de las horas pico, las bóvedas encerradas con un recuerdo, con un mismo puto recuerdo lo que me decía la pinche vieja. Ya para ese tiempo mi sistema nervioso central estaba echo trizas, los autos con esos cláxones estridentes que me hacen saltar de un lado a otro siempre me ponían los pelos de punta. ¡Mi pinche vida!, aquél sacudón de las 7pm lo diario y cotidiano. 
Nada  comparado con lo linda que estaba Marión , ¿recuerdas?. En aquella noche; la luna, la bruma, sus manos. La ladera próxima se la percibía sin ningún problema junto con su vacío y el precipicio de la cadena montañosa contigua. La presión y gravedad, sus bufandas, su cuerpo próximo destilaba a las estrellas de un claro cielo frío. Pero bien sabemos que la sombra junto con aquellos faroles T le hubieran dado alma y un poco del gran fuego a la tierra de los ventanales con sus terrazas añosas como laberintos incluidos en los decorados diarios, en los lentos ritmos de mulas destinadas a un mismo paredón inmenso. Con aquella misma sórdida sensación de años en hoteles infectos y sus mil depositarios en aquellos retretes de mierda. 
Pero contigo Marión todo pasa, todo no es más que un simple juego en el Kinder Garden. Y allí no recuerdas estabas con tus juegos de puzzle en la bolsa de lo desconocido, con todo ese pavoroso olor a naftalina que cogiste al sacar el abrigo de tu abuelo, aquél abrigo que me darías cuando ya nada más cabría, tu recuerdo pertinaz  que me ahogaba de a poco. Tus labios ámbar o tu tristeza de Otoño apeada hacia el poniente de Mariano T de Alvear con tus putas sentencias diarias lo que recordaba. Que no quise herirte -entiende-, que eres muy débil en fin eso siempre lo he craneado.