sábado, 6 de febrero de 2010

Suicidio

Las últimas tentativas de suicidio han sido inútiles. Los primeros flirteos que empezaron con la puta vanidad, lo que siempre al fin y al cabo lastima es la puta vanidad, hicieron que empezara a sopesar mi entretenido perfil melancólico con el deseo inadecuado del suicidio. Terminar al fin y al cabo es empezar de nuevo algo que siempre es en sí el mismo aspecto, encontrar a ese iluso que te cree, te creía divinidad emanda de aguas glaciares, atestada mediterranea de sangre raquidea, de epitetos musarañas, delicados labios azules que  enfriaron el candor aquél. El suicidio ya en las épocas que creía finalidad extrema, punto final sin más, me terminaron por conquistar esas comedias melódicas que se carcajaban de mi insulsa pena. De mi iluso yo.
Tú ya no existes, yo me alejo, me vuelvo mucho más sangriento, más cínico, melódico, musical. Nunca podré matar al antigüo yo, tan solo desintegrar rapidamente al que el todo desea construir. Esa es la única alternativa. Ya ser, no más.