martes, 13 de julio de 2010

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Densidad en esta piel sedosa, con estos contornos amoldados a mi instrumento macabro de vuelo, aquellos oleajes insistentes de mis compases diarios, el hundimiento sabático de esta fiebre mortal que me enloque el cuerpo como mil demonios enjaulados en disposición al si. Ha este sí de libertad que prefiero, que todos deseamos saldar. Aquellos inquietos por salir a vagar por esta piel inquieta, inquieta de mi, inquieta de mil batallas inquebrantables en tus redondos muslos. Solo enciende una amenaza de alejamiento para que dos segundos más tarde me aprietes entre tus dientes y me digas al oído que estallas, que no quieres librarte de mi tan facilmente, que tal vez supongo necesitas algo de este líquido viscoso que no encuentra camino y se desangra en esos telares de lino que recubren esa cama ultrajada por miles de vértices que en tí recaen mondos y frenéticos como mi voraz ambición de tu hambre, de tus caldos tibios, de tu sed carnal.

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