jueves, 2 de abril de 2009

MÉNADE

Una chaqueta roja es lo que había observado entre toda la selección de temporada. Le gustó aquel matiz que el negro daba a toda aquella pieza, aquellos fileteados que se trasladaban por medio de aquella V entrecruzada, el bordó de los botones, de los bolsillos cuadrados que ahora que lo sostiene después de una larga lucha moviendo todo lo demás en selección se da cuenta que no es una chamarra común para esos días de Martes de agobio y decepción en los que pensaba . Que ésta será acaso una de las elegidas para los sábados nocturnos o para algún opalino Viernes de cornos, de cuerdas en derredor. Y luego piensa que no, no puede ser posible reflexiona aquel rojo en aquellas noches de teatro, de sinfónicos silencios, de aplausos vibrando todo aquel arsenal que son las obras de aquella música culta como la llaman, allí hay que ir sobrio sin pomposidades de mal gusto lo que se dice. Mejor aquel rojo buena presencia dará en las vueltas interminables que son las noches de cócteles, risas que bullen, sonidos vítreos de las consolas que se impregnan en cada intervalo de la letárgica noche y los acordes de alguna banda de turno se escuche, con olor a sándalo, con olor a sexo se escuche, que no importará ya aquel tono voraz o todo aquel maquillaje aniquilador, que le dará a cambio nueva fuerza cuando ya todo haya finalizado y la Ménade tenga que regresar, regresar por todo aquel film enmohecido que es el fin de toda velada, por aquel gris, por todo aquel frío de las 4am y a casa. Sin mucha importancia como lo toma, como toma todo lo nuevo que entra en su vida, con tedio, con mirada fría de consumidora experta es como toma a toda aquella pieza de colección. Se percata y descubre el abrigo que realmente es, aquellos nuevos objetos que la moda trae para algún grupo específico y debería ser muy específico aquel grupo si nos damos cuenta y ella que ya lo toma y revisa el precio con Sora. Que viene incluido el impuesto de importación se logra escuchar por toda la tienda que se riega como si se trasladara a otro sitio, como si en ese preciso instante nada ya tuviera más importancia que el valor metafísico de aquel diseñador Paulista.

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