jueves, 3 de julio de 2008

RETORNO

Me siento sujeto a una inevitable sensación que carcome a aquella seguridad de estar en tus calles, en tus esquinas y piedras, aquella seguridad que te dan tus olores y sombras. Los kilómetros que he recorrido y el tiempo que a transcurrido alejado de ellas, de aquellos zaguánes y techos cinc me han trastocado. Me siento víctima de un complot que poco a poco ha minando mi estado. Veo y no veo más que paneles conocidos dentro de vitrinas profundas, vitrinas con cerdos mutilados abocados en enormes charcos. Percéfones alados en incienso y la mirra su aroma. Paso lento me sienten, irreconocible me miran. Los nervios toman posesión y yo que me dirijo al centro mientras los rostros no me dejan avanzar. Voy despacio, asegurando cada paso que doy para no caer en alguna hurtadilla última quizás hacia algún pozo profundo del cual ni Sara me podrá librar. A cada paso el siguiente por las piedras, por la antigua fábrica de galletas el cóndor, los coches uno, quizás otro me segan...

AMANECE

Como dice Pj Harvey; Stories from the sea, stories from the city. Yo acotaría: Stories from the desert.
La primera vez que vi el desierto fue como la primera vez que vi el océano o la gran ciudad sin duda.
Así veo yo el desierto de Atacama.

ALIGATOR

......

Era la tarde muy fría, tarde nebulosa, entre casas que en forma horizontal se desplegaban en barricadas una tras otra. La bruma en el cielo se apreciaba tras líneas que conformaban aquellas casas plomizas con rejas y céspedes bien cuidados. Calles pedregosas, ahora cubiertas de autos y niños con flores descalzos. Amenazaba la noche, y los bloques negruscos que se arrinconaban hacia el Norte prometían venir. Viene la lluvia decían, murmullos que ahora venían un poco frenéticos, graznaban por amenaza de tormenta. Pero imaginaba la noche, nos imaginaba, mientras la tarde perdía fuerza y la bruma inundaba paso a paso, agigantados todos, los rincones de las casas. Las voces que en un principio formaban parte del sitio ahora solo silbidos fugaces pasaban muy entre cortados uno de otro. Lo inevitable, y el sonido golpeteaba, la temperatura descendió mientras caían, al principio calmo, luego un blanco terciopelo que la torrencial precipitación nos dejaba atónitos, el granizo disperso en la graba y las cuantiosas cantidades, nerviosos aún más. El tiempo trémolo de rayos, muchos de ellos, sin intervalos entre lo visto y el sonido.