Tantos son los ecos, este laberinto consagrado. Mi mano apretando el último peldaño de esta pared inamovible. Pared de perros, de arrecifes con olor a ti, de naranjas y tules que se devastan en este tu laberinto. Sabés que son los ecos, los temores, los buitres que arremeten en épocas de estío los que me han paralizado. Sus picos llenos de lágrimas sediciosas, sus vivos ojos de Noviembre que me quieren encontrar. Pero recuerdo la noche tras el laberinto, tras los cuchillos afilados, tras aquella iluminación Avellaneda. De los mares de rostros, de los hijos de Sísifo que se quieren encontrar. Luego volteo, volteo y miro, es tu luz, si!, tu luz dentro del laberinto, dentro de este, tu laberinto consagrado.
Plack y sus pies ahora
Pasajes de un vagabundo del tiempo
viernes 10 de febrero de 2012
miércoles 18 de enero de 2012
DESEO
He pensado en dejar este bar,
tosco, arruinado, con gerentes alcohólicos que hay que pagarles además
del licor de turno su chuma y bancarlos
con todas sus huevadas petulantes e insufribles. Pero aún rodeado de toda esta bruma en este hueco indecible me he puesto a
pensar en el Deseo. Fuerza por lo demás exótica y combustible para toda nuestra
animalidad en ciernes. Pero más allá de la esperanza de satisfacción para nuestra
libido sabemos lo efímero que resulta saciar nuestra sed; sed de camarones
alajillo, de veranos en las costas mediterráneas, de playas de sexo explícito
en los veranos bálticos, un polvo de turno con cualesquiera que me hable de
Bergson. Y allí vez un efímero instante
capturado por las lentes de mis pupilas y aquellas pupilas consumadas por 12,5
megapixeles de mi D90 en posición de celo, en medio de la bruma de aquél bar de
mierda, con sillas dispuestas para salones de putas de baja calaña, con
tétricos personajes que hablan de rejas, solventes y grincore, con aquella
mujer que no sabe quién es Bergson, con aquella otra mujer que no sabe lo que
es el buen sexo.
Todo en silencio, la Medalla Milagrosa muy hermosa en claro
obscuro, luego claro un poco de sexo sin conexión, con un poco de pudor por la
hembra de turno, con luces amarillas en
medio de sábanas desechas, algunos buenos flashes durante el desarrollo. Todo aquél hermoso juego de
tiranos nos es pues el Deseo. Nada de eso es el puto deseo. El Deseo se quedó
corrompido por Caravaggios digitales debajo de Groz enmudecidos, por Grecos a
medio pintar en juegos de tornos, el Deseo se quedó inerte cuando salí en la
noche y vos ya no estás. El Deseo se quedó en vos, en tus curvas indias, en tus
suaves sábanas blancas, el Deseo se quedó donde mi pene ha dejado de anhelar.
-El Deseo eres vos y vos más oculta, más oculta, oculta.-
lunes 16 de enero de 2012
GRACIA
Gracia
pensaba en el amor, un arma que destruiría con todo su dolor, con todo
sufrimiento; dándole pues su prisión adecuada para cada una de sus
preocupaciones, manías y fatigas que la vida le asestaba. Zarpazos de un enorme felino -todo lo que no
era- lo que de su corazón lo único que
creía verdadero por todo su aposteriori, por todo su extenso cuerpo de
primavera en celo.
Veía
en Lunes a máscaras mesiánicas, en Martes abovedados gritos védicos sin mayor
orquestación que la de sus propios gemidos, en Miércoles el doble naufragio de
Dario en tierras sagradas, en jueves Yaguarcocha un rio de sangre, en Viernes
Plato's Retreat en su mente una y otra vez. Los fines de semana eran de
descanso como ella mismo lo diría tiempo más tarde.
La vida, un gran basurero que seleccionar,
buscar ese hueco y armar con todo aquel ramaje de necesidades y hastíos su
bastión, su jade en medio de sus dos pechos de perra. Pero la verdad que el miedo es un poder
hermoso y ella lo sabía con toda su alma, pues sin su amor quedaría en su vacío
y como le teme al vacío a esa nada pretensiosa, siempre cruel, a esa soledad en
ciernes que nunca firmaría en la eternidad pues se hacía a un lado y proclamaba
su amor. Yo siempre la he visto vestir
de tules y la he querido sembrar pues Gracia sin su gracia no sería Gracia y
sin ser ella el vacío y su miedo al
bello espacio sin fin quedarían al descubierto, quedaría desnuda, totalmente
desnuda y, ninguna hembra se desnuda por completo.
Nuestros
vientos y todos los mares son sus espejismos, las piedras y todos los zaguanes
te seguirán esperando.
lunes 2 de enero de 2012
RECUERDO
Recuerdo tan claro ese tiempo cuando los vi colgados, primero
claro a la mabi. Allí colgada por mis
padres, pues disque tenía moquillo y no querían que sufra, pues que chucha que
no ves que está ahí medio muerta y que no te la puedes voltear y ves que está
muriendo de a poco, de a horas. Luego recuerdo a esos otros dos conejos, que así
se mata a los conejos, pobreza de principiantes de recién leídos los manuales
de instrucción de un buen conejo asado. Carajo cuantas muertes en mi vida de
pollo más de las que quisiera contar. Como cuando contaba tus dedos de dos en
dos y me quedaba mirando al firmamento por horas arriba en los zincs de la
antigua casa. La muerte de la pitufa, que había mucho perro callejero, y la pitufa
retorciéndose por el patio amplio patio de tierra. Muchas muertes en mi vida, en
mi infancia primera. Nunca hubiese creído que con tanta muerte con tanto fiasco me
convertiría en este animal, un animal bello de cafés, de esquinas de lirios y
violetas, de azules que se riegan por corazones azorados de mi violencia, con mi
tenura, obscura ternura de Mayo lo que soy.
-Un agujero negro sin más remedio que la de su propia
aniquilación.-
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Para Maite y Adriana
domingo 18 de diciembre de 2011
CONSTANTE
Siempre; el
ruido de las cosas, los cadáveres de los rancios espacios entre lo que se hizo y lo
que se es tienen valores comunes. Una constante matutina de labios carmín, una
constante curvilínea de temibles y agudas dentelladas profundas. Tú no lo sabes
pero los cadáveres rancios también retumban con sus sinuosidades exentas sus últimos
fluidos corrompiendo ya el acto inmóvil de la ceguera. Procesos mecánicos, la inercia, tus ojos ámbar, tu larga nariz de garza, tú despojo, tú cadencia residual. Yo sé
que bailas, pero yo ardo en las llamas del no Ser sin ningún problema. Becho…
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Para vos aunque no lo puedas leer
martes 8 de noviembre de 2011
...
Fuimos dos tontos, dos locos enamorados de la locura, ahora que nos dejamos ser caemos en el abismo, la eternidad nos cobija pues vamos en picada juntos, en ella.
miércoles 26 de octubre de 2011
...
La tarde; el cruel espanto del sol en detrimento de todas las constelaciones posibles, ella de piel; ella de fuera; ella de polvo, de polvo y un de un hola que tal; miles de holas que tal; miles de sonrisas hipócritas; cientos de manos apretándose; de manos grasas apretándose en su piel de su desprecio matutino. Son las 3am; poco importa, preciso otra ausencia más -gracias Ballard- que una cadena interminable de noes. Prefiero un mínimo grupo de sies; que una batalla interminable con fantasmas denodados.
miércoles 28 de septiembre de 2011
martes 23 de agosto de 2011
QUISIFUR
Toda esta calma en este Atlántico, frío Atlántico de Agosto. Este Pacífico que no existe que ya no busca, te busca, que no te quiere encontrar.
lunes 25 de julio de 2011
...
Las horas pasaban una tras otra , el sonido del interlocutor hacía intermitencia con los ladridos del pequeño perro que en la terraza bailoteaba de un lugar a otro por algo que lo vivía exitando, los sonidos del vino blanco se trasladaban burbujeantes de una puerta a otra, el segundo después un disparo resonó en la lejanía, -todos tienen pies que bailan- ya la bala derrumbó otro muro de piedras, ese muro que se a contruido entre tu y yo. El río prosigue su camino...
sábado 25 de junio de 2011
EN EL TEATRO
Los espacios siempre nos dejan un sabor amargo cuando recordamos los fugaces momentos de gloria y derrota que ellos llevan consigo. En aquellos efímeros instantes que nosotros percibimos inconclusos y expectantes se vierten en ellos candores que nosotros llevamos dentro, que dejamos ajenos sin un propósito acaso, en ellos se guarda el silbido y la hoguera. En sus partículas ínfimas ellos se desplazan con nuestra sonrisa y cadencia. Sin su pronta marcha en nosotros no quedaría ni un celebre o un amargo recuerdo, pues son ellos, los espacios ocultos que nos muestran el espejo voraz por donde observamos tranquilos nuestra sepultura. Y es así que los bastidores que en la sala de estar se recuestan tranquilos, cuando Antón en épocas de frugales e intensos ritmos dejaba la alianza que con ella llevaría el encuentro primero, tan apática y misteriosa en los suburbios del sueño y la estancia. Las luces cálidas que se refractan en el fresco apetecido suave, con sabor a romance se deleitan con un pasar sobrio y sin máscara alguna. Cuantas noches la pregunta urgida en los escondites del polvo, el de los de cisnes rosas. Cuantas patrañas en este mundo tan fétido y enfermo lo que ella detestaba con suma impaciencia y que el ocultaba cauteloso, siempre alegre, firme, efímero animal deseoso. El sábado para Margot, la ansiedad extrema, el mondo color cenizo de su fe daba claros brotes de ternura en el acto previo al compromiso. Esperaba impaciente a su corazón que la llevaría de paseo por Corrientes, de luces toda ella quedaría en un as los destellos de su sonrisa mordaz. Ya tendría el ticket, la pregunta primera, para alguna función de temporada se me apetece estreno de lleno o ha media voz en el eco lo que imagina la guapa rubia del Plata. Todo su arsenal de tintes se veían cálidos en posiciones convencionales para algún taxómano urgido de texturas implacables para cada una de sus bestias a etiquetar, así se disponían los juegos implacables, las miles de posibilidades para múltiples ocasiones, los miles de disfraces posibles con una u otra máscara que recordar.
Su mirada daba a ciencia cierta unos mantos brumosos que se apeaban en el firmamento, perezosos y cansos jinetes que dejaban su algodonera tan opaca y turbia. Pensaba y más certera toda ella que el día no iba a darse alegre ni tranquilo, iba hacer un día lluvioso la certeza primera, y ya pensaba exacta en el gran paraguas negro, con ese mango de madera que del abuelo lo único que quedaría, el sobretodo en la cama, el estuche y el clavijero que se agiganta. Mientras aplicaba una base dorada en todo su rostro pálido y aquellos labios carnosos, dulces cerezos que atesoraba. Se escuchaba en la radio que la tenía en el living unos ruidos molestos que recorrían por todo el largo del pasillo, que ya llegaban a ella, que ya imaginaba un celofán estrujarse y cientos de ellos ahora cuando el sonido vuelve con más intensidad. Luego de sopetón la puerta cierra, nada quería que interrumpiera aquel ritual de las sombras de todos aquellos coquetos desenfados. Sus manos afiladas para los trazos ya luego de enmascarar las pequeñas fallas que los años desfiguran inevitable y con un lento aroma el rubor de los años 30 que siempre en ella se encontraba. El traje de noche, el último modelo de Praga.
Allí por el ventanal no tan lejos ella veía hundirse sombras, en la profundidad las paredes de los edificios contiguos y en ellas alargadas sombras de tonos fríos, azulados en los bordes extremos y obscuros mantos negros en todos los bloques habituales que se intercalan con las luces amarillas, con el periódico de hoy regado en la alacena, con todas aquellas voces que se perciben atrás de aquellos muros que se avecinan tardíos, siempre sus miradas que son sus quejas habituales y el cielo que se espesa en azul marino se hace tan apático y sugerente. Los patios internos que son varios, pues como postigos los edificios que detallan el perímetro propuesto se dan visibles desde el dormitorio carmín donde Margot siempre con susto ve alguna sombra que se escabulle y su corazón en transfondo quizás observa. Y ha Margot las sombras siempre la habían puesto en sustos. Ya recordaba la obscuridad al subir la gradas de Martha hacia el piso segundo para atrapar algún otro que se abría refugiado en sus espacios ocultos. Pero ella nomás recordaba la obscuridad de la obra en construcción, las cargosas bromas de sus primos, los celofanes que se estrujaban como luciérnagas en medio del vacío, los tropezones con los maderos expuestos, las luces mínimas que se expandían como centellas en el exterior, las sombras que se escabullían por las paredes internas del gran salón lo que provocaban un temor que nacía repentino, incrementándose poco a poco cuando tenía que internarse mucho más para encontrar a Fabricio, a Gustavo o Merló. Luego la trampa habitual, ya las escondidas en los obscuros pasadizos de la casa en construcción eran una jugarreta sin pierde para los sustos, para los lloros de Margot. Nadie nunca ganaba nada tan solo el gran susto, las cruentas risas de los niños sabidos y la nerviosa Margot que se arrinconaba, que ya iba con su aterido cuerpo a contarle de las fechorías de los niños a Don Lucho, tan angustiada. Ya el castigo habitual, que valía la pena todas las consecuencias, que vale por un millón la cara de terror de Margot lo que se decían los primos. El cabello suelto con su tersura, con su tono melocotón la sacaban de los pérfidos recuerdos infantiles, ya para cepillarlo, ya para plancharlo, para decorarlo, que debe tener caída natural lo que se decía. Mientras, algo irrumpía y mas no era la hora que giraba inevitable sino unos murmullos que con su almibarada cadencia se internaban en la mente de Margot con su obscuridad, con sus recuerdos. Un pianissimo en medio de aquel vacío cuando Holliday que se interseca con su voz alucinada, que le taladraba el cerebro de una forma que nadie la había taladrado antes lo que recordaba, le gustó mas el I-pod de temporada siempre necio y defectuoso, toda una maravilla. Romance in the dark repetía una y otra vez whit you con énfasis mientras el piano como en una corriente maravillosa corría junto con los vientos y la base rítmica que le hacían caer en felicidad. Margot que ya quería recordar, que ya paró el tema que buscaba y al fin encontró mucho más romántico se decía Love me or leave me se arremetía con su azul indefinible, con sus vientos que le hacían tener ganas de frutillas a la crema, con todos los tugurios de New Orleans a los que nunca podrá llegar, con todos los blancos enamorándose en Nueva York lo que imaginaba, lo que le hacía quebrar de alegría por segunda ocasión. Se veía con la vestimenta adecuada, con todos los Lps en sus manos, como se veía sentada en la cama, con el calzado de rebaja que le gustó. Ya debería despedirse de sus tinturas, de sus reflejos, de todo lo que en ella daban las luces y el disfraz.
Allí por el ventanal no tan lejos ella veía hundirse sombras, en la profundidad las paredes de los edificios contiguos y en ellas alargadas sombras de tonos fríos, azulados en los bordes extremos y obscuros mantos negros en todos los bloques habituales que se intercalan con las luces amarillas, con el periódico de hoy regado en la alacena, con todas aquellas voces que se perciben atrás de aquellos muros que se avecinan tardíos, siempre sus miradas que son sus quejas habituales y el cielo que se espesa en azul marino se hace tan apático y sugerente. Los patios internos que son varios, pues como postigos los edificios que detallan el perímetro propuesto se dan visibles desde el dormitorio carmín donde Margot siempre con susto ve alguna sombra que se escabulle y su corazón en transfondo quizás observa. Y ha Margot las sombras siempre la habían puesto en sustos. Ya recordaba la obscuridad al subir la gradas de Martha hacia el piso segundo para atrapar algún otro que se abría refugiado en sus espacios ocultos. Pero ella nomás recordaba la obscuridad de la obra en construcción, las cargosas bromas de sus primos, los celofanes que se estrujaban como luciérnagas en medio del vacío, los tropezones con los maderos expuestos, las luces mínimas que se expandían como centellas en el exterior, las sombras que se escabullían por las paredes internas del gran salón lo que provocaban un temor que nacía repentino, incrementándose poco a poco cuando tenía que internarse mucho más para encontrar a Fabricio, a Gustavo o Merló. Luego la trampa habitual, ya las escondidas en los obscuros pasadizos de la casa en construcción eran una jugarreta sin pierde para los sustos, para los lloros de Margot. Nadie nunca ganaba nada tan solo el gran susto, las cruentas risas de los niños sabidos y la nerviosa Margot que se arrinconaba, que ya iba con su aterido cuerpo a contarle de las fechorías de los niños a Don Lucho, tan angustiada. Ya el castigo habitual, que valía la pena todas las consecuencias, que vale por un millón la cara de terror de Margot lo que se decían los primos. El cabello suelto con su tersura, con su tono melocotón la sacaban de los pérfidos recuerdos infantiles, ya para cepillarlo, ya para plancharlo, para decorarlo, que debe tener caída natural lo que se decía. Mientras, algo irrumpía y mas no era la hora que giraba inevitable sino unos murmullos que con su almibarada cadencia se internaban en la mente de Margot con su obscuridad, con sus recuerdos. Un pianissimo en medio de aquel vacío cuando Holliday que se interseca con su voz alucinada, que le taladraba el cerebro de una forma que nadie la había taladrado antes lo que recordaba, le gustó mas el I-pod de temporada siempre necio y defectuoso, toda una maravilla. Romance in the dark repetía una y otra vez whit you con énfasis mientras el piano como en una corriente maravillosa corría junto con los vientos y la base rítmica que le hacían caer en felicidad. Margot que ya quería recordar, que ya paró el tema que buscaba y al fin encontró mucho más romántico se decía Love me or leave me se arremetía con su azul indefinible, con sus vientos que le hacían tener ganas de frutillas a la crema, con todos los tugurios de New Orleans a los que nunca podrá llegar, con todos los blancos enamorándose en Nueva York lo que imaginaba, lo que le hacía quebrar de alegría por segunda ocasión. Se veía con la vestimenta adecuada, con todos los Lps en sus manos, como se veía sentada en la cama, con el calzado de rebaja que le gustó. Ya debería despedirse de sus tinturas, de sus reflejos, de todo lo que en ella daban las luces y el disfraz.
Antón ya esperaba impaciente que bajara Margot, le hubo de llamar en dos instancias y en ésta última Margot sintió un poco de urgencia en la voz de Antón.
-Que tan siempre precavido como se pudo olvidar de los tickets mi amor -se escuchaba-.
Ya cerraba la puerta y con ello una gran parte de ella, el móvil en su bolso verificaba y abría la puerta metálica del ascensor enrejado luego la siguiente. En aquel modelo italiano de principios del siglo XX bajaba retocándose a última hora el movimiento del cabello, ya el brillo en sus labios almidonados en el reflejo del espejo comunal. El gran paraguas negro le impedía salir del edificio por lo pesado de esta y ya Antón que se recata y le ayuda con la gran vidriera que es el portón principal. Con su sobretodo negro tan plácida entraba al coche que ya se alejaban por Boedo entre la noche brumosa y las luces amarillas de los faroles que permutan en medio de la avenida.
El frío había incrementado, las voces que pasaban presurosas con ganas de entrar en algún sitio se esparcían por la avenida como la bruma que se regodea entre los ventanales de los restaurantes, por dentro de los maxi-quioscos, de las librerías 24 horas por cada uno de los transeúntes en marcha, tan apresurados con sus abrigos y los paraguas de tonos opacos, con un aroma muy suave de seducción. En medio de los espejuelos de las lentes una llovizna que se hacía del todo insoportable si tenías que contrastarlo con aquel ventarroncillo que se sostenía por el largo de la avenida. Todas las luces en muestra, la gran luminaria con sus enormes carteles de fiesta, todos los programas a la vista por dentro de zaguanes luminosos y brillantes. Paseo la plaza repleto muchos a escuchar las “candidas” comedias argentas como los paraguas que se arrinconaban unos por aquí, otros por allá con sus sonidos de cierre tan famosos, las bufandas atrincheradas algunas húmedas, las chamarras, los lentes lluviosos y las nacaradas carcajadas de algún otro que pasa se esparcían por el medio de aquel terso film en donde las luces se impregnaban en la retina de los transeúntes que es el normal desenvolvimiento de los acontecimientos, la habitual salida de sábado por la noche si no fuera por esta lluviecita ¡carajo!.
Ya pensaba Antón lo hermosa que estaba ella, con su vestido negro al cuerpo que le cabía perfecto matizaba con sus cabellos claros, con su blanca piel de Mayo. La miraba como al principio, cuando todo empezó; las salidas esporádicas desde la casa de sus padres, las primeras visitas al motel que detestaba. Tan solo hoy la sonrisa que valía todo el despelote de su histeria, de sus gritos y sin razón. La veía a Natalia que acomodaba a las últimas personas en una de las mesas del fondo con un desaire terrible por todas las noches en vela mientras, tomaba otro trago más por su popote blanco con filos celestes mirando inalterable el polvillo que se refracta por el medio del cían, del rojo, con toda esa sucesión jocosa que son las interminables pruebas de luz . Ya el pequeño teatro repleto y la gente estaba impaciente por el inicio del espectáculo.
-Pero si que me mentiste no Antón, que te habías olvidado los tickets, ¡ja!, vaya mentirilla.
-Pero ya ves querida estamos en buenas mesas, y si te hubiera dicho que tenía los tickets cuanto más hubieses tardado en arreglarte y en esto hay que ser puntual aclaraba mientras veía como Margot absorbía con refinada manera su tequila Sunrise.
Margot con un apacible sentir miraba con ojos rufos a Antón que se desataba entre frases que se disolvían en el bullir de los murmullos del lugar.
Ya las luces iban en crescendo, ya las voces se apagaban de a poco, los acomodadores servían tragos en algunas mesas cuando se internó una música de cabaret que hacía preveer que la comedia no abría de resultar aburrida.
El primer acto de Así de Perras con toda aquella melaza de danza y puterío que le gustaba a Margot, como aquellas siluetas que se impregnaban en las paredes del fondo se arremetían por la danza de aquellas mujeres en el escenario y aquí ningún temor hubo de percibir mas le gustó, como las siluetas se truncaban unas con otras, como las luces daban un matiz diferente para cada una de aquellas damas, como la voz penetraba y se esparcía por el medio de la sala, como la música acaecía en cada uno de aquellos escenarios, unos graves y obscuros y otros luminosos y vibrantes, ya se apega hacia Antón y le veía como miraba a la rubia que era la actriz principal.
-Te gusta la rubia ¡no! le decía con una voz muy débil que se aproximaba hasta a él como una brisa de primavera.
-¡Shh! no ves que están en escena respondía más quedo y miraba a Margot con más ansias que nunca.
Proseguiría el monólogo que debería ser la parte más exultante de la obra pero que por su largo estadio y su poca impronta instó de aburrir a Antón y comentaba.
- Ya me cansó esta pendeja, no lo crees Magui.
A ella que no le abría resultado de ningún modo aburrida; se identificaba con la protagonista , en su soledad, en su aislamiento, en sus dudas y respetaba lo que tenía que hacer para mantener a sus hijos, luego se percata y responde.
-Sabes querido que a mi me encanta, hay algo en ella que me atrae.
Ya Antón se imaginaba una noche de trío con Margot y la rubia aquella y le gustaba, no le decía nada pero la veía, como la veía.
Las risas del lugar se tomaban de los recodos de cada una de la mesas de los asistentes por un inflexión en la obra, para sacarlos de la zozobra del monólogo se contrastó con algunas sucesiones jocosas que le hacían quebrar en llanto a Margot del puro gusto.
-Como me hacen reír decía mientras se secaba las lágrimas con su pañuelo y que de Antón no pudieron sacar ni un solo murmullo.
En el último acto, las sombras volvían a sus posiciones con la danza y el juguetón desparpajo de los alquimistas en escena luego un beso que tranzó los labios cerezas de Margot se devino en risotadas y chacota en escena. Luego un chirriar al principio calmo mientras los actores se afilaban para la culmine de la noche, otro chirriar más fuerte se podía percibir de los engranajes de alguna polea del telón secundario ya luego unas cadenas que se resbalan, los engranajes que ceden y las poleas una de ellas en el escenario con todo el armatoste del telón cayó como un rayo que parte la noche espesa. Esa caída no tendría importancia alguna si su dirección hubiere sido otra, más habría condimentado todo el desorden y medias tintas de la función habitual. Pero acá tomaba ya otro color; luego de la risas y el alegre estar cuando vemos el cráneo hecho añicos de la actriz principal por la polea secundaria que la destrozó en medio del telón que la cubría y luego otro susurro sobrevino en medio del frenesí, de la multitud absorta, un susurro entre llanto y estupefacción.
-¡Uffff, que suerte la nuestra!
Decía Margot en medio del espacio oculto con sus ojos atiborrados de Hembra.
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Un relato de hace siquiera 3 años
lunes 6 de junio de 2011
...
El número 3 es un número de tierra como yo y por lo tanto entrañable. El tercer aniversario de este blog un cumpleaños de máscaras y de disfraces. -ja!-. Es un tiempo de quietud con mucho sueño, quietud en el blog, en mi vida también mucha quietud, pues no se olviden que este blog es un reflejo innato de la vida que me transcurre que yo la transcurro en lo susesivo cuando ella tan cálida me desgasta poco a poco. Va gyrando, ya el tercer giro de este blog en esta circunferencia irreal. Y esos elefantes blancos que están apoyando al grande de Atlas resuenan en la lejanía.
sábado 7 de mayo de 2011
...
Cuando gira y la tierra una vez más hacía tí te detiene el pánico, y salpica tu abotagado dolor. Unos ríen para ver que sus desgracias no son tan malas que las del pròjimo(próximo quizás), pero sí rueda y llega y nada más lindo que ir a pasear estas telarañas que tengo por cabellos y deslizarlos en este mi espacio, en este espacio sideral.
martes 22 de marzo de 2011
RETOMANDO
Cada vez que escribo en este blog bueno me siento mucho mas confiado, confiado en la redacción que bueno uno nunca sabe en donde se puede terminar , creo que no muchos saben eso de ir hacia algún lugar, la verdad que uno se propone escribir algo y luego el tiempo y la vida cambia de tal forma que tienes que terminar hablando de una cosa totalmente en muchos casos distinta a la que te propusiste, y eso es de lo que versa este espacio de mierda que con muchas o con pocas se va llenando en ese envase a veces ridículo envase que no hay otra forma de encararlo que tan solo cagarsele de la risa, cargarme de la risa de mi, de mi como Dios y como mendigo. Me siento decía muy confiado ya en la redacción dada que así fue como lo concebí desde un primer momento como un ejercicio dada pero no muy afortunado pues se introdujeron además de borradores de relatos, de cuentos y de algunos muy pocos versos que lo había realizado con anterioridad concentrado en algun punto del espacio donde la estructura y toda la onda del escribir se plasma como una epígrafe en medio del desierto. Y esta mi epígrafe precaria de unos pocos años acá se me a dado como una vitácora o algo parecido a unos pocos vómitos por aquí a otra risas y deseos por allá. Y todo eso no es más que el deseo frenético de hacer, de asir o de solo ser. Y ahí está envuelto en esa patética envoltura, en esa envoltura descomunal.
viernes 18 de febrero de 2011
....
Tirado allí en medio de mis sábanas desechas me decían; seguir...
Seguir a donde, seguir para que, seguir que papá...
Lo mejor sigo en la ruca que es very delicious.
Seguir a donde, seguir para que, seguir que papá...
Lo mejor sigo en la ruca que es very delicious.
martes 21 de diciembre de 2010
INTRO
Fue uno de aquellos días sórdidos de
Mayo; lento, apacible. Donde la ciudad con toda esa furia en potencia se deja
distender por el aura. Por la tardía irrupción de la luz en el decorado. Que me
hallaba solo con los faroles todavía encendidos, con las piedras que reflejaban
a los árboles, su arrullo al frente del Garage de Don Tito, el viento fuerte
que nos hace esgrimir canciones alegres para pasar el rato tan temprano nos dan
cierta conciencia de infinito. Calma al principio la ciudad entera, más tarde
con la monda e intensa luz que penetra un frenesí rotundo como muchos en
extravío en el interminable escenario se espera. Sé que tienes un frío del
carajo en los pies, que se te congelan los dedos. Que piensas lo lejos que
estás del centro de la ciudad, lo lejos de la otra noche cuando te la llevaste
a pasear por Palermo. Mientras que en tu bolso solo tienes chiches de jornadas
pasadas, pura basura, numeritos de mierda, funditas de chocolates en serie y
las boletas del colectivo y del subte en tu basura portátil me dieron un puto y
vomitivo rato de asco. Te das cuenta de la peluquería que se repetía en tu
cabeza una y otra vez “lo más antes posible”, que debes dejarla allí en su
vitrina de eneldo en medio de todo ese despelote. Luego al trazar todo ese mapa virtual se difuminó algo
en ese río arriba que es nuestra vida, aquello en lo que hubiere de pender de
un hilo toda su miserable vida. No creías ni por un minuto que tu vida podía
finalizar en cualquier momento. Te mirábamos fumando aquel pitillo. Y
pensábamos al unísono de la noche en cana. De las noches de Milonga son las que
más se acuerdan. Pero tú muy tranquilo querías flamear otro de aquellos agrios
cigarrillos que detestábamos. Pura chamulla lo que te decían. Soberbio como siempre jugabas en
plano primo con todas las bicicletas que tiritaban rocío, rocío de
aquella fría realidad de fines de Otoño. Victoria Bianchinelli azafata de Lan a
lo lejos, con un cuerpo y una cabellera que relucía nos miraba ¿recuerdas? en
la intersección con Díaz Velez muy tranquila y clara. Pero tu cojudes logró
citas máximas que se esgrimían como balas de una 42.
miércoles 24 de noviembre de 2010
....
Vi al mounstro detrás del vitral, con un poco menos de luz, mi apariencia reflejada en ti, el mounstro al que quiero desterrar. Me gustan los especímenes que van delante de mi, a esos otros mounstros que me dan la mano para seguir; frías y con una iluminación endémica así son esos victimarios. Vi al moustruo; era mi yo invernando en un foso, tu foso de miedo. La materia me desarma mientras tu voz llega atravezando el Mediterraneo, el Atlántico llega tu voz. Tu voz de miedo llega al fin.
lunes 15 de noviembre de 2010
ESPEJO
Hay momentos para observar, observar el firmamento, a una dama, a un perro, al vecino de alado. Creo en la hora de mirar, de mirarnos dentro, esos otros ojos en medio de la bruma. El vitral y las refracciones que la luz nos muestra no son más que pura ilusión, el calor ese nervio que salta paso a paso en soledad nos es más que otra ilusión. Si quitarán la luz todo sería obscuridad y en la obscuridad camaradas. Pero mis ojos ven la bruma que se disipa; es mi interior. La lluvia cae recia y la banda me mira como yo la escucho a ella, en calma.
Ahora limpio el vitral con la manga de mi capucha, expiro para que se empañe calido y escribo con mis dedos una tipografía innombrable. Gracias Bekket.
dis-fruta.
Nada mas por hoy.
Ahora limpio el vitral con la manga de mi capucha, expiro para que se empañe calido y escribo con mis dedos una tipografía innombrable. Gracias Bekket.
dis-fruta.
Nada mas por hoy.
jueves 7 de octubre de 2010
...
Yo estaba tratando de llamar al 911, la Lorena en la cama sin movimiento alguno y tan angustiado, imaginándome fuertes roces con los dueños de la verdad, los polis pensaba con todo esto me incriminarían en un homicidio premeditado.
Me contestaría alguna damita de la estación o algún bigotudo a la Cantiflas. Me daban vueltas en el mate estas ideitas hijasdeputa. Cuando ya todo y un sonido medio áspero que por el fono me estaba transmitiendo esa desazón típica de esos azules en detrimento.
-Buenas noches comisaría Segunda en que le podemos ayudar -se escuchaba-.
-La Lorena está muerta señorita
-Cálmese Señor
- Como le ve Ud.
-Traigan una ambulancia rápido que parece que está muerta
-Su dirección y nombres completos por favor, número telefónico…
-En este momento sale una ambulancia para Rivadavia y Boedo al 21 segundo B.
-Tranqui Bruno ya va, calma.
Los minutos no pasaban o pasaban como una ráfaga inmensa con ayuda de millones de protones bombardeados para descubrir la partícula de Dios como le dicen. Más tal vez como aquella mañana fría y tumultuosa de Mayo. En donde Perla ya no era, en el transcurso de esos rayos que nos partían como nueces en celo. La vi perfecta, con la perfecta tranquilidad de observar que ya no era; que ya no persiste en el instante en que nos vemos en el maldito espejo de Van Aken, con aquellas rodillas que me rozaban con su hábito asesino de perforarlas en mi espalda, con su lontananza, la santa paciencia de querer huir otra vez a la deriva; sin tiempo, sin dueño, ese que no existe se decía.
Y allí estaba separada de todo, perfecta, como yo siempre supe que era.
martes 5 de octubre de 2010
DIVAGACION
La luz dentella, no lo podemos
permitir, única ablución la dadiva, su pequeña dadiva de Mayo. Los plagios de
las misses en sus cuartos rosas, que son sus cuartos sino cuerpos al sacrificio
diario, para alargarse la vida un poco creyendo que todo volverá a ser como
antes o por lo menos que el hoy no ha cambiado, que no se lo puede cambiar. El
arte me recuerda a ti, a tus plagios, tus etapas, a nuestras etapas
–recuerdas?-; cuando somos meras esponjas, cuando tienes el poder de decir lo
que piensas, como debes actuar, tu más terrible mal, tu propio reflejo. Los ojos
morenos de la tipa que está a tu lado. Y crees que el ser tan solo con estar
es, como sus ojos, como su olor sideral, ahí está el terrible problema del
ente, que nosotros reconociéndonos como objeto nos podemos percibir mas que
nada en el es. El es, tu eres, yo soy, quizás soy, tan solo soy en el ente que
se mueve con mi entelequia inamovible, irrefutable. Toda su misión con tan solo
señalarte, pero será porque te señalo que eres?, que haces?, y en el hacer eres, oh!! Mierda!, debo
Ser.
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